4/02/2018

¿Sabías que?


Antiguamente el estilo de vida era regido por las reglas de etiqueta, existían protocolos para casi todos los ámbitos de la vida: los paseos por las ciudades y los parques tenían el suyo.
Saber en qué momento poner en práctica estas reglas era muy importante para ser considerada una dama respetable y un caballero respetuoso.
Un paseo por la ciudad era la oportunidad perfecta para aplicar los protocolos que regían para las relaciones sociales. 


Tanto los caballeros como las damas cuando debían caminar por una acera, tenían que hacerlo por la parte derecha de esta, si era muy estrecha y peligrosa, el caballero tenía que poner especial cuidado en que la dama que acompañaba no sufriera ningún daño. Si era inseguro caminar o la visibilidad no era buena, el caballero ofrecía su brazo a la dama para que ésta pudiera sujetarse y caminar segura.
No era bien visto, ni adecuado que una dama caminara del brazo de un hombre a menos que fuera muy mayor para poder hacerlo sola o si el hombre en cuestión era su esposo.
 Si la situación lo requería un caballero podía llevar del brazo a dos damas, pero nunca una dama a dos caballeros, la primera situación era galante, la segunda pondría en entre dicho la reputación de la dama.


Un caballero debería ayudar a una dama a descender del carruaje, sin necesidad de que hubiera una presentación previa. Eso sí una vez cumplido el cometido el protocolo exigía que realizara un saludo con su sombrero y continuara su camino sin intentar entablar conversación ni importunar a la dama de cualquier modo.
Que un caballero fumara mientras caminaba por la calle en compañía de una dama se consideraba falta de educación. Si en el caso que el caballero caminara solo y fumara al encontrarse con la dama, dejaría de hacerlo de inmediato.
Un caballero jamás debe saludar desde una ventana a una dama que paseara por la calle ahora si quien camina por la calle es el caballero y una dama lo saluda desde una ventana, éste debe corresponderle de forma discreta.
El protocolo recomendaba no hacerlo en ninguno de los dos casos, debido a las miradas indiscretas y a los cotilleos que esa acción podría provocar en una sociedad dada a todo tipo de escándalos por cualquier nimiedad.



Una dama no podía andar apresurada por la calle, ese modo de caminar de le quitaba gracia a sus movimientos. Mucho menos correr que era muy peligroso y evidenciaba falta de dignidad
Cuando cruzaba la calle una dama debía levantar ligeramente su falda con la mano derecha para no tropezar, hacerlo con ambas manos era vulgar y podía excusarse solo por culpa del desnivel, porque el pavimento estuviera mojado o si hubiera barro.
Llevar un vestido que se arrastre por la acera es de muy mal gusto por parte de la dama que lo lleve, los vestidos para caminar por la ciudad deben ser sencillos y cómodos.




Una verdadera dama caminará sin fijarse en los demás y no prestará atención exagera de lo que sucede a su alrededor. No buscará atraer la mirada de los demás muchos menos del sexo opuesto, sí deberá responder a las cortesías con un saludo amable.
Mover muchos lo brazos mientras se camina, comer por la calle, jugar con la sombrilla, abrirse paso entre la gente a empujones, hablar en voz muy alta o susurrar en frente de otras personas, reír a carcajadas eran comportamientos que dejaban en evidencia la educación de cualquier dama o en realidad la falta de ella.



Fuentes:
Pinterest
https://lacasavictoriana.com
The Essential Handbook of Victorian Etiquette

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